El origen de la peste que arrasó Europa en el Medioevo

A mediados del siglo XIV comenzó la epidemia más terrible de todas. Se trata de la Muerte Negra o Gran Plaga, un azote que mató al 60 por ciento de la población de Europa en ese siglo. Pero, ¿cuál fue el origen de la peste?

Hay evidencias de que el agente causante, la bacteria Yersinia pestis, ya infectaba al hombre hace 5.000 años. Hubo muchos brotes durante la Edad del Bronce. La primera gran epidemia registrada es la llamada Plaga de Justiniano. Dejó 25 millones de muertos entre los siglos VI y VIII en la cuenca del Mediterráneo. Luego de la Gran Plaga del siglo XIV, la peste estuvo reapareciendo en Europa, Oriente Próximo y el norte de África. Hasta el siglo XVIII.

Pintura de la temática de la danza de la Muerte, que representa la sensibilidad existente en Europa tras el origen de la peste – Pintura de Pieter Brueghel el Viejo

Se suele considerar que la Muerte Negra, causada por la cepa «Mediavalis», tuvo su origen en China. Calculan que apareció en torno al 1334. Pero se desconoce si llegó de oriente en varias ocasiones o si se estableció en el viejo continente y resurgió de los posibles reservorios europeos.

Siguiendo las huellas

Ahora, un estudio que se ha publicado en Nature Communications, ha descubierto las que son las huellas más antiguas de la pandemia europea. Los investigadores reconstruyeron 34 genomas de Yersinia pestis, que fueron extraídos de los dientes de cadáveres hallados en 10 yacimientos europeos. Proceden de los siglos XIV a XVII. Gracias a eso, han hallado las evidencias más antiguas de la Muerte Negra. Y les han llevado hasta la pequeña ciudad de Laishevo, en la región del Volga. En Rusia.

«Estos hallazgos apuntan hacia una entrada única de Yersinia pestis en Europa por el este», ha dicho en un comunicado Maria Spyrou. Es coautora del trabajo e investigadora en el Instituto Max Planck de Ciencia de la Historia Humana, en Alemania. Sin embargo, ha añadido, esto no quiere decir que esta región del Volga sea la zona cero de la enfermedad. El patógeno podría provenir de cualquier parte del occidente de Asia, donde aún no se ha secuenciado el ADN de las antiguas muestras de Yersinia pestis.

La investigadora Maria Spyrou, en el laboratorio, analizando el origen de la peste
La primera guerra biológica

El primer contacto de Europa con la Muerte Negra que se conoce ocurrió en torno al 1346. En esa fecha una gran ciudad de la República de Génova sufrió su azote. Se trata de la ciudad de Caffa (hoy Feodosia), un importante enclave comercial situado península de Crimea. Se hallaba a orillas del mar Negro. Se cree que en el 1347 un ejército mongol estaba asediando la ciudad y que entre sus tropas había infectados por la peste. Al parecer los mongoles decidieron lanzar los cadáveres de las víctimas de la bacteria sobre las murallas, en un temprano ejemplo de guerra biológica, para dispersar la enfermedad entre los asediados. Finalmente, se sospecha que los habitantes de Caffa que huyeron hasta Italia se llevaron la enfermedad consigo, causando el origen de la peste.

Siete años después, y probablemente gracias también a otros puertos del Mar Negro y a la ayuda de las caravanas comerciales, la epidemia había matado a la mayor parte de la población europea. Causó un impacto enorme en la economía, la sociedad y quizás en el surgimiento del Renacimiento.

Sin embargo, lo cierto es que ni los orígenes de la peste ni su dispersión son del todo conocidos.

La variante más antigua hallada

En esta ocasión se realizó el análisis del material genético de la bacteria a 34 individuos enterrados por toda Europa. Desde Barcelona hasta Oslo, pasando por Alemania y Reino Unido. Esto reveló que una variante de la bacteria, encontrada en la ciudad rusa de Laishevo, es más antigua que las otras.

Además, los autores han observado otro hecho relevante. En las fases tardías de la pandemia, «vemos la aparición de múltiples variantes en Europa, lo que sugiere que la peste se mantuvo en diferentes focos locales», ha dicho Marcel Keller, coautor del trabajo. Es decir, tiempo después de que la pandemia se extendiera, se estableció en el propio territorio europeo. Finalmente, con el paso de los siglos, desapareció: «Hoy por hoy, no se han hallado descendientes de esas bacterias, lo que parece indicar la extinción de dichos reservorios».

Aparte, los autores han identificado una mutación genética concreta –una deleción, o eliminación, de un fragmento de ADN– en dos genes implicados en generar la virulencia de la bacteria. Según han averiguado, esta mutación está presente tanto en los linajes tardíos de la bacteria causante de la Muerte Negra, como en la pandemia de Justiniano.

«Dado que esta deleción ocurrió en ambos linajes, los dos hoy extintos, determinar cómo esos genes influyeron en el mantenimiento –del patógeno– en los hospedadores –el humano y la pulga– será un importante área para futuros estudios», ha opinado Kirsten Bos, otra coautora del trabajo.

Esta investigación permite examinar la microevolución de un patógeno durante siglos. Es muy interesante conocer el origen de la peste para estudiar la dispersión de las enfermedades infecciosas. Gracias a futuros análisis históricos o climáticos, será posible reconstruir la historia de una terrible epidemia que cambió el rostro de Europa. Para siempre.

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