El continente perdido bajo el sur de Europa

Sí: no es Atlántida, pero el continente perdido hace 120 millones de años existió. Desapareció debajo de Europa, pero dejó inolvidables rastros geológicos que habían estado ocultos. Hasta ahora. La investigación se publicó en la revista Gondwana Research.

La idea fue de un equipo de geólogos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH, en Zúrich. Sin embargo, solo se pudo llevar a cabo gracias a la tecnología actual. De otro modo no hubiera sido posible proyectar esta reconstrucción de un continente casi tan antiguo como el tiempo. Se calcula que esta gran extensión de tierra se empezó a mover hace 240 millones de años. Como para que lo pienses, cuando demoras en descargar una app al celular.

El continente perdido bajo el sur de Europa. Hubiera tenido su propio Mundial de fútbol.
El Gran Adria. No, no es el Gran Hermano

Los únicos restos visibles de ese continente perdido, conocidos como Gran Adria, son las rocas calizas que se pueden encontrar en las cadenas montañosas del sur de Europa. Los investigadores creen que estas rocas comenzaron su existencia como sedimentos marinos. Más tarde fueron «raspadas» de la superficie de la corteza terrestre y elevadas a sus posiciones actuales gracias a las colisiones de las placas tectónicas. Así, el tamaño original como la forma y la historia de esa masa terrestre desaparecida ha sido muy difícil de reconstruir. En su artículo, los geólogos explican que gran parte de ella constituyó, durante millones de años, el fondo de antiquísimos mares tropicales poco profundos.

 Para empezar, señala Douwe van Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo una historia «violenta y complicada». Desde que inició su desplazamiento hace 240 millones de años, el continente perdido empezó a ir hacia el norte.

Los investigadores creen que hace unos 140 millones de años Gran Adria era una masa de tierra del tamaño de Groenlandia. Estaba cubierta en gran parte por un liviano mar tropical, donde los sedimentos se acumulaban lentamente hasta convertirse en rocas.

Más tarde, hace entre 100 y 120 millones de años, colisionó con con que hoy es Europa. Se hizo añicos. Terminó empujado debajo del continente. Solo una pequeña parte de las rocas de Gran Adria, arrancadas de la corteza terrestre durante la colisión, consiguieron permanecer en la superficie de la Tierra. Como para que los geólogos tuvieran la ocasión de descubrirlas.

Solo quedan rezagos geológicos de su existencia, pero son suficientes para los investigadores.

Las rocas de Gran Adria están dispersas a lo largo de más de 30 países, que van desde una franja de la península ibérica hasta Irán. Y de la misma forma que las rocas, también los datos sobre su historia se han dispersado y resultan, explica van Hinsbergen, muy difíciles de recopilar.

Cómo lo hicieron

Para llevar a cabo su estudio, el equipo de investigadores pasó diez años enteros recolectando información sobre las edades de las muestras de roca de Gran Adria. También estudió la dirección de los campos magnéticos atrapados en ellas. Y consiguieron así identificar no solo cuándo, sino dónde esas rocas se habían formado.

De este modo, los investigadores se dieron cuenta de que, al mismo tiempo que avanzaba hacia el norte, Gran Adria giraba en sentido antihorario. Empujaba raspando a su paso otras placas tectónicas. Al final, llegó la colisión con Europa. Esta ocurrió a una velocidad de vértigo: no más de 3 o 4 cm por año. Aún así el choque destrozó por completo la corteza de Gran Adria, de unos 100 km de espesor. La mayor parte de ella terminó bajo las profundidades del manto terrestre. Algunas partes del continente perdido se encuentran, en efecto, a más de 1.500 km de profundidad.

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